17 mayo 2020

Aldeias Históricas de Portugal 3ª parte


Nos quedan por visitar dos aldeas en Portugal, quizás sean unas de las más bellas del recorrido. Y ya de nuevo en nuestro país visitaremos algún destino más por la provincia de Cáceres que tanto tiene que ofrecer. 

Día 6 domingo 12 de enero de 2020:

Terminamos la visita a Castelo Novo y a media mañana ponemos rumbo a lo que creía que era Idanha a Velha o por lo menos lo que tenía marcado en el navegador. Cuando llegamos a la población me parece que es más grande de lo que había leído aunque nos metemos en un centro comercial para hacer algunas compras. A continuación busco el parking que llevaba programado y después de aparcar nos damos cuenta que estamos en Idanha a Nova, joer que fallo de programación.



No nos parece que el pueblo tenga mucho que ofrecer turísticamente hablando por lo que, ahora sí, proseguimos ruta hasta Idanha a Velha.
Ya desde antes de entrar a la aldea, desde la carretera se le ve un lugar que puede ofrecer bastante con su muralla y su torre del castillo.


Estacionamos en un parking que hay pegado a la plaza de toros, GPS: 39.99825, -7.1438, gratuito y sin servicios aunque al lado hay unos aseos y se puede coger agua y descargar el químico.




Hoy es domingo, hace un día espléndido, las fiestas navideñas no han hecho más que terminar, nos da la sensación que esta aldea es una maravilla que merece mucho la pena descubrir. Está ubicada a pocos kilómetros de otra aldea que sí es mucho más conocida, Monsanto. Aún así no entendemos que estemos solos recorriendo este idílico lugar donde se pueden ver a los lugareños haciendo su vida normal rodeados de construcciones y monumentos centenarios.




Como el precioso puente de origen romano que atraviesa las someras aguas del río Ponsul, sencillo, robusto, algo revirado, con una ligera pendiente en su parte central y que, a pesar de los siglos transcurridos, todavía cumple a la perfección con la misión con la que fue diseñado y construido.





Los lugareños concurren en la coqueta plaza del pueblo con su pelourinho que no podía faltar como buen pueblo portugués, sus casitas bajas de piedra que se nos antojan rosáceas sosteniendo con cuerdas la colada, la coqueta Iglesia con su torre defensiva. La vida transcurre tranquila y plácida en Idanha a Velha.



El perímetro de la aldea está prácticamente flanqueado por sus viejas murallas. Salimos por la puerta que da al río y nos encontramos con algo curioso. Grandes bloques de piedra enterrados en el cauce del río que sirven para cruzar el mismo. Sin duda no somos los primeros que hemos puestos los pies en los sólidos bloques. Imagino que la costumbre de cruzar hará que el paso se haga más rápido y seguro de lo que soy capaz de hacerlo en mi primer intento.




Pero si algo llama especialmente la atención en Idanha a Velha es poseer una Catedral, sí una Catedral. Esto es algo que cuesta creer ya que una simple aldea no debería poseer tamaña construcción. Cuando lees que por aquí han pasado romanos, musulmanes o suevos entre otros se entiende que en el siglo IV o V se construyera este edificio sufriendo posteriores modificaciones. 


En el exterior hay una exposición de piezas procedentes de todo este pasado como sarcófagos de piedra, trozos de columnas, una ingente cantidad de piedras con sus correspondientes inscripciones, etc. Por desgracia el interior está cerrado y no podemos verlo.




La torre del castillo está en peores condiciones y no conserva la parte superior, aunque se puede adivinar las dimensiones que en su día tuvo que tener.



Vemos también un museo etnográfico y donde también se pueden ver unos vestigios romanos pero igualmente está cerrado.
Nos pasa una cosa curiosa con un lugareño que se acerca a nosotros y tras saludarnos nos invita a ir a su casa para enseñarnos algo. Otro vecino nos hace un gesto como que no le hagamos caso y, lo que me parece entender con dicho gesto, que quiere que le demos dinero para comprar "algo". Amablemente declinamos su invitación.




Desde todo el pueblo se ve una construcción enorme con unas torres que llaman la atención. Y sobretodo los balcones de piedra entrelazada que son una auténtica maravilla. Nos acercamos y comprobamos que se trata de una antigua finca de una familia venida a menos y hoy prácticamente abandonada. Sus únicos moradores son parejas de cigüeñas que se alojan en sus nidos.







Tranquila, sencilla, orgullosa, acogedora y con un rico pasado, así es como definiría a esta aldea portuguesa. Pasear tranquilamente por sus calles descubriendo todo lo que tiene que ofrecer, salir por sus puertas amuralladas, volver a entrar, respirar su paz, saludar a sus vecinos mientras sientes el peso de la historia, de sus piedras y muros.



Salimos del recinto amurallado por la puerta norte, la zona que mejor conserva sus robustas murallas, todavía sin entender muy bien cómo esta pequeña aldea tiene este sorprendente conjunto monumental. Cómo debía ser la vida y las circunstancias que hicieron que ello fuera posible.



Para llegar a Monsanto hemos tenido que atravesar campos de pinos, olivos, almendros o alcornoques que conectan a los pueblecitos de al lado por carreteras realmente estrechas aunque en buen estado.
Vemos que antes de la subida al pueblo, en Relva concretamente, hay un gran parking y varias autos estacionadas. Ascendemos hacia Monsanto y aparcamos a la entrada, GPS: 40.0403, -7.11039, parking gratuito y sin servicios aunque vemos que están terminando de poner un poste de cobro, con lo cual seguramente la cosa se complicará en un futuro breve.


Es la segunda vez que venimos a Monsanto. Cuatro años han pasado ya, eran otras condiciones metereológicas ya que llovía la vez anterior. Nos encantó, nos enamoró y nos atrapó para siempre. Dicen que segundas partes nunca fueron  buenas, veremos a ver...








En esta ocasión vamos a aprovechar toda la tarde y parte de la noche para visitar relajadamente Monsanto ya que hemos pensado quedarnos a pernoctar en el aparcamiento.
Creo que el secreto está en hacer un borrado del disco duro y dejarlo lo más limpio como sea posible. Volver a sorprenderte, ilusionarte, convencer a nuestros ojos que lo que están viendo no lo han visto antes. Que la belleza de este lugar no puede ser abarcada en una solo visita.



Así, por ejemplo, tenemos la oportunidad de ver la Iglesia Matriz de San Salvador que no la pudimos ver la otra vez. Sencilla, sobria, pero coqueta y bella por dentro.



 

Creo que lo estamos haciendo muy bien, pues no recordamos haber pasado por estas estrechas y reviradas callecitas con la Iglesia de la Misericordia y la Torre de Lucano con su reloj y su gallo visibles desde todo el pueblo. O tal vez sea la edad, no se qué pensar, la verdad.




Desde dicha Torre se divisan unas panorámicas excepcionales con centenares de kilómetros a la redonda. Por un momento, si pudiéramos comprar el tiempo, pienso que no habría mejor opción de despedir este precioso día que sentarse en una roca y desde esta privilegiada atalaya ver la puesta de sol sin importar nada más. Siento envidia sana de los habitantes de Monsanto, yo lo haría.







Callejear, callejear y perderse por las empinadas y estrechas callejuelas de esta aldea, no hay más recomendación ni mejor plan. Dejarse llevar por los sentimientos, por las sensaciones, por las impresiones, en definitiva tener la capacidad de sorprenderse a cada paso que das por este lugar tan especial y auténtico.






Si se quiere emular a las cabras que están merodeando por las faldas de la montaña, siempre se puede seguir la senda ascendente que parte de las últimas casas y corrales del pueblo y que nos transporta a la Capilla de Sao Joao y a las ruinas del castillo.





La recompensa a tamaño esfuerzo son las vistas que se obtienen desde aquí arriba que todavía son más sobrecogedoras que desde el mismo pueblo. También merecen la pena los sarcófagos de piedra que rodean la Capilla.




De vuelta otra vez en el pueblo, no podemos más que volver a maravillarnos por las dimensiones y redondeces de algunas piedras que más bien parecen haber depositado los Dioses después de haber jugado una partida de bolos. Monsanto es el culmen de simbiosis entre roca y casas, en ningún lugar que hayamos visitado antes se da con tanta perfección esta centenaria relación.




De lo que sí nos acordabamos es de los vinos y quesos que nos tomamos en la taberna Lusitania. Vamos a ver si segundas partes nunca fueron buenas. Acompañados esta vez, pasamos media hora en este oasis reponiendo fuerzas y haciendo hueco en nuestras retinas para descubrir Monsanto a la luz de los faroles. Al salir, la aldea ha cambiado radicalmente, se ha vuelto más romántica, misteriosa y ofrece nuevas oportunidades de descubrir tesoros ocultos.








No sabemos qué hora es y lo mejor es que no nos importa en absoluto. Es un momento especial, estamos solos en el pueblo, tan solo nos cruzamos con un anciano al que alegremente saludamos mientras se aleja ayudado con una tercera pierna de madera que repiquetea en la roca de la montaña hecha calle. Piedra gris muda, verde moho que todo lo impregna y tiñe, negro el techo estrellado. Pura poesía.





Día 7 lunes 13 de enero de 2020:

Difícil de superar lo de ayer en Monsanto, hacemos balance aunque casi no hace falta hacerlo, resumen: nos ha gustado más que la primera vez, no puede ser, tendremos que volver a ver si a la tercera va la vencida.



Último destino por tierras portuguesas. Bueno, mejor aclarar, el último de esta escapada, Portugal nos atrae cada vez más. Nos cuesta salir de este país lo reconozco, siempre te quedas con ganas de más y tiene tanto que ofrecer...


Penha García ya casi en la frontera con Extremadura. No es aldea histórica pero pilla de paso y cuando, en casa, estaba planificando la ruta, recordé a un conocido autocaravanista que había estado aquí y sus fotos en su día me parecieron interesantes. GPS: 40.04547, -7.01408, una explanada antes de bajar por una pronunciada pendiente a la presa donde si uno se atreve también se puede estacionar. De aquí parte una sencilla ruta senderista circular por los molinos, los fósiles, el pueblo y bajar de nuevo a la presa.

 




El paisaje es sobrecogedor, con verticales formaciones rocosas que encajonan al río Ponsul, sí el mismo que pasa por Idanha a Velha. Al poco llegamos a una serie de casitas en medio de la roca que en realidad son o eran molinos de agua que aprovechaban la fuerza del cauce encajonado para moler grano. Alguno de ellos albergan muestras de fósiles, aunque todos están cerrados.






Lo único por lo que uno adivina que son casitas construidas con la misma piedra de la montaña son los tejados de un color más rojizo. Si no fuera por ello podrían pasar totalmente inadvertidas dada su mimetización con el entorno. Yo voy mirando al suelo y las paredes de la montaña en busca de los anunciados fósiles, pero no consigo ver nada. No se si es que los habrán recogido todos o que veo poco esta mañana.





En la parte más baja hay una especie de piscina natural donde en épocas estivales la gente viene a bañarse, he visto fotos en la red. La verdad es que tiene que ser un lugar bastante agradable en verano, si no se masifica, claro. 




Dejamos los molinos por la senda ascendente y nos metemos de lleno en Penha García que las primeras impresiones nos dicen que no tiene nada que ver con las aldeas que hemos estado visitando. Aún así dispone de algún atractivo como el típico pelourinho, algunas casitas bajas de piedra, la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, las estupendas vistas del cauce del río, o los restos del castillo.











Por una senda perfectamente señalizada volvemos de nuevo a los molinos de piedra, pero por otra parte, y seguidamente cruzamos la presa terminando la bonita ruta por los molinos de agua y los fósiles. Hubiera estado bien haber podido visitar algún molino por dentro para ver su funcionamiento y alguna colección de fósiles. He leído que abundan los trilobites como los de la foto de abajo sacada de internet.



Nos despedimos de Portugal con un reconocimiento por todo lo que nos ha ofrecido en esta salida y un hasta pronto regresando de nuevo a nuestra patria querida.


Tenemos todo el día por delante ya que hasta mañana no tenemos que recoger a Alejandro en Madrid por lo que pensamos hacer algo de turismo nacional. Coria no la conocemos, nos pilla de paso y allí que nos plantamos. Estacionamos lo más cerca del casco antiguo, GPS: 39.98439, -6.5406, un lugar para nada atractivo pero cerca del centro.




Con lo primero que nos topamos es con las murallas de origen romano que en su día rodearon todo el casco antiguo de Coria. Penetramos en él por la Puerta de la Ciudad o de la Guía nombre tomado por albergar la figura de la Virgen de la Guía.



Seguidamente desembocamos en la Plaza de la Catedral donde, a parte de este edificio religioso, también se alza el Palacio Episcopal que actualmente alberga un alojamiento hotelero.




La majestuosa Catedral de Santa María de la Asunción es imponente, penetramos a su interior con el fin de verla por dentro. Al ir a sacar la entrada nos informan que se está llevando a cabo trabajos de restauración y las visitas están suspendidas, una pena.





Rodeamos el monumento para quedarnos por lo menos con una mejor sensación del templo. Vemos una puerta lateral abierta y nos asomamos, curiosos que somos. Nos da tiempo a echar un breve vistazo a la enorme cantidad de andamios dispuestos en el interior y con una altura considerable.






Como es tónica general en esta escapada no podía faltar el típico castillo que también en España sabemos de lo que va el tema y tenemos buenos ejemplos. El castillo de los Duques de Alba tan solo posee hoy día la esbelta y bonita torre del homenaje. Al parecer no se puede visitar por dentro y se están llevando a cabo trabajos de restauración por voluntarios. Se ve algo de suciedad en el antiguo foso y un sentimiento de dejadez preocupante.







Nos da la sensación de que Coria ha debido vivir momentos mejores. Posee potencial de sobra para ser un atractivo lugar turístico, pero le falta un algo que uno echa de menos cuando viaja por diferentes lugares y ha visitado antes muchos sitios parecidos a este.




Caminamos un rato pegados a las antiguas murallas repletas de chumberas con sus coloridos y deliciosos higos chumbos que nos parecen estar diciendo cógenos. No podemos resistirnos a la tentación y ataviados con una bolsa para evitar las diminutas agujas de que están protegidos nos hacemos con unos cuantos. Luego comprobamos que no son buenos, por eso hay tantos, ilusos de nosotros.



Terminamos el recorrido por Coria con una bonita panorámica de la Catedral desde el puente medieval que no cruza ningún río. Al parecer la causa fue un terremoto que en el siglo XVII hizo que el río Alagón se desviase de su antiguo cauce.


Partimos de Coria con una sensación agridulce por lo que entendemos es un desaprovechamiento del rico patrimonio que posee, aunque contentos por haber visitado la población.
Partimos con dirección a Plasencia. Cuando pasamos a la altura de Galisteo, desde la autovía contemplamos una bella postal del pueblo y decidimos parar y echarle una ojeada. 
Estacionamos al lado de sus murallas, GPS: 39.97488, -6.26842, gratuito y sin servicios.



Lo primero que nos llama la atención de esta muralla es que está construida con cantos de río. No habíamos visto antes unas murallas así, por lo que nos resulta muy curioso, la verdad.
Hemos llegado a tiempo para comer, por lo que sin necesidad de ir a buscar un bar o restaurante comemos de miedo en nuestra casita.



Entramos en el centro histórico de Galisteo y enseguida subimos por una escalera de piedra a lo alto de la muralla que recorremos en un buen tramo.




Vemos que hay bastantes tramos de la muralla que están bastante reconstruidos sobretodo las almenas lo que le quita algo de encanto. Bastantes casas de fachadas blancas están adheridas a la muralla produciéndose un fuerte contraste entre pasado y presente.





Caminamos hasta la conocida como Torre Picota emblema del pueblo. Se trata de la Torre del Homenaje y como detalle singular es el posterior añadido remate agudo octogonal visible desde cualquier parte.


Pasamos por la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, también cerrada como la Torre de la Picota. La Plaza de España vemos que se trata del corazón de la localidad. Destacan los soportales adintelados, el Ayuntamiento y un antiguo palacete que están restaurando.




Dejamos el pueblo no sin antes detenernos un momento para hacer unas fotos del precioso puente que atraviesa el río Jerte y su entorno.




Hemos decidido pernoctar esta noche en Plasencia, una ciudad que ya hemos visitado en ocasiones anteriores y que tanto tiene que ofrecer.
Estacionamos en un gran parking que no conocíamos ya que parece nuevo, GPS: 40.03185, -6.08025, gratuito, sin servicios y con la prohibición de estacionar en las plazas más pegadas al río.


Sin tiempo que perder, ya que se nos echa la noche encima, ponemos rumbo al centro histórico donde llegamos en diez minutos. Nos recibe la Puerta del Sol con su muralla bastante bien conservada.




La peatonal y comercial Calle Sol nos sorprende por su vitalidad, la gran oferta de tiendas y establecimientos y por algunos bellos ejemplos de arquitectura.
Mati tiene mono de tiendas, la pobre ha disfrutado poco este viaje por la poca variedad que había en las pequeñitas aldeas de Portugal. Por tanto la dejo a su marcha y yo mientras me hago mi propia ruta turística. La Parroquia de San Pedro es lo que me pilla más a mano.






Accedo a la Plaza Mayor donde, sin ningún género de dudas, destaca la belleza del Ayuntamiento. Y todavía destaca más con esa preciosa iluminación.
Alguna antigua bodega que se puede apreciar desde la calle, la Iglesia de San Salvador, tramos de muralla que todavía se conservan o la fachada del Convento de San Ildefonso.










A la hora convenida vuelvo de nuevo a la Plaza Mayor para recoger a Mati una vez satisfecho el mono de tiendas, siguiendo con la visita turística.
Ponemos rumbo a las dos Catedrales de Plasencia la nueva y la vieja. En un principio nos hacemos un lío buscando la vieja hasta que comprobamos que están una al lado de la otra, un poco sin sentido.





Algún bello patio interior como el del complejo cultural Santa María y sobretodo el Palacio de los Paniagua hacen de esta Plaza un bello rincón.



Salimos un momento del recinto amurallado por la preciosa Puerta de Trujillo para contemplar la panorámica de las murallas desde este punto. Seguidamente buscamos el Parador de plasencia donde nos metemos un momento para echar un vistazo.







Ya en la Plaza de San Vicente Ferrer podemos admirar lo que dicho rincón nos ofrece: la Iglesia de San Nicolás, el Palacio del Marqués de Mirabel y un poco más adelante la Casa de las Dos torres. Es entonces cuando me prometo que la próxima vez que visitemos Plasencia lo haremos como es debido. De día, con tiempo suficiente y con guía para visitar todas estas maravillas. No puede ser que las tres veces que hemos estado aquí hayamos visitado este impresionante conjunto monumental de pasada.










Sopesamos la posibilidad de cenar en algún restaurante, pero al final nos puede más el cansancio y nos retiramos al parking para tomar algo ligero y descansa. No sin antes adquirir algún producto regional como queso y chocolate.
Mañana tan solo queda recoger a Alejandro en Getafe y regresar a casa después de haber disfrutado una semana como más nos gusta, de viaje y eso que solo ha empezado el año. Este año promete grandes viajes, aunque puede que algunos de ellos se tengan que posponer. Pero eso ya será otra historia.






2 comentarios:

Bob Smith dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Alex Toledo dijo...

La verdad que viajar a portugal es una autentica gozada, hay mucho que ver y desde mi punto de vista es un pais que tenemos dejado de lado, con lo cerca que lo tenemos xD