18 de noviembre de 2019

Navegando por el Báltico, descubriendo sus joyas y ciudades imperiales 2ª parte


Después de haber disfrutado de los enormes encantos de San Petersburgo, continuamos el crucero por el Báltico donde descubriremos otras ciudades con mucho encanto e interés.

Día 14 de Mayo, martes:

Durante toda noche hemos estado navegando desde San Petersburgo y cuando nos hemos levantado ya estábamos en Tallin, capital de Estonia. Tenemos toda la mañana y parte de la tarde para visitar esta ciudad que según dicen posee uno de los cascos medievales mejor conservados de Europa.




El día ha amanecido gris y con algo de fresco pero mientras no llueva que es lo más molesto podremos hacer la visita. En esta ocasión no hemos reservado visita guiada ya que el puerto está integrado en la misma ciudad y el casco antiguo no es muy grande por lo que nos dará tiempo de sobra para visitarlo.


Tras desembarcar, en 10 minutos estamos en la entrada al casco antiguo. Concretamente en la Torre Gorda de Margarita que forma parte de la muralla que antaño protegía la ciudad en todo su perímetro. Aquí se encuentra el Museo Naval de Estonia que sin duda debe ser interesante visitar. 


Tras pasar por debajo de la gran puerta comienza el casco antiguo y el adoquinado de sus calles nos lo indica. Al poco aparece la esbelta torre verde de la Iglesia de San Olaf desviándonos de la calle principal para echar una ojeada al interior de la misma.


Construida en 1267 posee como mayor atractivo la altura de su torre de 155 metros. El interior tampoco nos dice gran cosa ya que es bastante sobrio y austero. Por 3 euros se pueden subir los 258 escalones y desde su torre ver toda la ciudad.




Retornamos de nuevo a la calle Pikk que es la calle principal que lleva al centro y ante nosotros van surgiendo bellos rincones y portadas que captan nuestra atención.




Un poco antes de llegar a la Plaza del Ayuntamiento se calle se abre y forma una plazuela con algunas bonitas casas y una Iglesia que pasa algo desapercibida por fuera ya que no llama la atención. Tan solo un antiguo reloj en su fachada nos induce a asomarnos a ver qué hay en su interior. Lo que vemos nos hace que paguemos el 1,5 euros que cuesta pasar dentro.



Y la verdad es que merece la pena pagar por verla por dentro ya que posee una rica y bella sillería, así como unos preciosos balcones de madera ricamente pintados, el retablo mayor y varios cuadros y figuras antiguas elaboradas en madera policromada.








Gratamente sorprendidos por este descubrimiento enseguida accedemos a la preciosa Plaza del Ayuntamiento con una serie de casitas pintadas en tonos color pastel y destacando, por encima de toda la arquitectura, el Ayuntamiento que se asemeja más a una Iglesia que a un edificio civil.






Seguimos callejeando por las callejuelas de la ciudad en dirección a la parte alta de la misma donde se ubica el castillo descubriendo a nuestro paso rincones encantadores.




Ya en la parte alta sale a nuestro encuentro la coqueta Catedral ortodoxa Alexander Nevski con una historia de poco más de un siglo ya que fue consagrada en 1900. Su estilo es claramente ruso pues cuando se construyó Estonia pertenecía a Rusia.



Justo enfrente de la Catedral se encuentra el Parlamento estonio, un edificio para nada ostentoso y que si no lo indicara pasaría claramente desapercibido.



Seguimos caminando por esta parte alta de la ciudad y buscando más rincones y monumentos que nos llamen la atención. Alguna Iglesia y varias casas cumplen con ese cometido pero tampoco nada que  nos atraiga poderosamente para pagar por entrar dentro.



Volvemos de nuevo hacia la Catedral ortodoxa ya que hemos dejado para visitar el castillo en último lugar antes de bajar de nuevo a la parte baja de la ciudad.
Aquí encontramos algún resto de antigua muralla y que en la actualidad alberga el Museo de la Muralla costando su entrada 7 euros.



Desde este lugar se pueden contemplar unas de la mejores vistas de la ciudad y quizás sea uno de los rincones con más encanto de todo Tallin.




La ciudad va ganando en ambiente conforme el día se va despejando y la temperatura comienza a subir. Nos dirigimos hacia la Puerta Viru sin duda la más fotogénica de todas las que posee la ciudad. De hecho son lo más antiguo del complejo defensivo ya que se remontan al siglo XIV.



La impresión que uno tiene al contemplar estas dos torrecitas es que su estado es demasiado perfecto para tener los siglos que dicen tener. A ver, bonitas son, lo que nos da la impresión es que la ciudad entera en su día debió lucir muy coqueta y bonita, pero lo que hoy día podemos contemplar es una recreación de lo que fue antaño. Por lo menos esa es la sensación que nos llevamos de Tallin. 



Quizás esto sea debido a las grandes expectativas que llevábamos cuando sabíamos que veríamos esta ciudad. Lo que uno puede leer o ver antes de llegar a un lugar condicionan mucho. En este caso a Tallin la venden como una joya medieval, con un casco antiguo muy bien conservado. Y es cierto, pero la sensación que nos ha calado es la de que está todo reconstruido y no de la mejor manera posible.


Aun así y con todo ha merecido la pena haber conocido esta ciudad. Siempre es positivo conocer nuevos lugares que intentan parecerse a lo que antaño llegaron a ser.
Volvemos al Zenith ya que a media tarde saldremos hacia el siguiente destino.




Día 15 de Mayo, miércoles:

Otra noche de navegación y como las distancias son cortas a primera hora de la mañana ya estamos atracados en el puerto de Nynashamn a unos 60 kilómetros de Estocolmo, la capital de Suecia.
Aquí sí que hemos reservado solo el transporte en autobús para desplazarnos hasta la capital, aunque a la salida del puerto vemos que hay muchas empresas que también ofrecen el transporte y la visita guiada. 




Después de unos cuarenta minutos llegamos a Estocolmo dejándonos el autobús al lado del edificio de la Opera y así comenzamos por nuestra cuenta la visita a la ciudad.




Cruzamos un puente que nos lleva al casco antiguo conocido como Gamla Stam y que está situado en una isla. Lo primero que vemos es el Palacio Real y cuando estamos callejeando por sus inmediaciones oímos música y atraídos por la gente que se dirige al lugar nos plantamos en la explanada para ver el cambio de guardia.





Asistimos al típico cambio de guardia con mucha pompa y ritual aunque podemos apreciar que parte de los soldados son bastante jóvenes y no se les ve demasiado duchos en la materia.



Tras haber asistido casi sin querer a este espectáculo proseguimos la visita por el casco antiguo de Estocolmo. Enseguida nos plantamos en la plaza Stortoget que nos sorprende por sus esbeltas casas pintadas con vivos colores con hasta cinco pisos de altura.


También en esta plaza se ubica el edificio donde todos los años se celebra la ceremonia de entrega de los prestigiosos premios Nobel. Su interior se puede visitar previo abono de su entrada.





Salimos del barrio antiguo y cruzamos otro puente para situarnos al lado del hotel Hilton y el ascensor Katarina desde donde se tienen unas preciosas vistas del barrio antiguo. Lástima que esta zona está completamente en obras con grúas y vallas y no se pueda disfrutar en su plenitud.





Volvemos de nuevo al barrio de Gamla Stam hasta que llegamos al Palacio Real por otra de las fachadas que no habíamos visto todavía. Vemos que venden entradas para visitar varios lugares del Palacio, de manera conjunta o por separado, pero nosotros no tenemos tiempo para hacer visitas por lo que nos conformamos con echar un vistazo por lo que se puede ver gratis por dentro y ver los exteriores.





Estocolmo es una ciudad llena de museos donde si se tiene tiempo es interesante pasar a alguno de ellos como el Museo Vasa que contiene un barco que nada más botarlo se hundió en el siglo XVII y fue reflotado posteriormente, restaurado y está expuesto en dicho museo. Otro Museo que también es muy visitado es el dedicado al grupo música ABBA.




Otro atractivo de la ciudad es tomar algún barquito turístico que hace un recorrido por las diferentes islas y canales de la ciudad. Otro reclamo turístico es el Ayuntamiento de Estocolmo, y subir hasta lo alto de su torre desde donde se obtienen unas bonitas vistas de la ciudad.





Nos desplazamos a la zona más comercial de la ciudad repleta de hoteles y tiendas hasta que descubrimos la alta torre de la Iglesia protestante de Santa Clara donde entramos para ver su interior.





Podemos observar la cantidad de puentes y canales con los que cuenta la ciudad y que sin darse uno cuenta sales de una isla y te metes en otra. Concretamente por esta parte por la que nos movemos ahora se disfrutan de unas vistas espectaculares de la ciudad.




A Estocolmo se le ve una ciudad abierta, acogedora, elegante, limpia, diseñada para caminar tranquilamente, llena de lugares públicos con una muy buena oferta cultural que daría para estar aquí varios días.





Nos marchamos de Estocolmo con la sensación de haber visitado una preciosa ciudad y con las ganas de volver algún día con más calma para disfrutarla más y mejor.



Regresamos a Nynashamn para embarcarnos de nuevo y aprovechamos la salida del crucero para desde de cubierta admirar toda esta zona repleta de islas, islotes y casitas típicas nórdicas con sus vivos colores.




Día 16 de Mayo, jueves:

Nuevo día de crucero y ya estamos en Alemania, concretamente en Warnemünde. Se trata de un pueblo que antaño debía su economía a la pesca y actualmente es una parada obligatoria en los numerosos cruceros  por el Báltico.



Se ofrecía por parte de Pullmantur la posibilidad de hacer una excursión a Berlin y Rostock, pero nosotros decidimos dedicar la mañana a visitar Warnemünde y la tarde a Rostock por nuestra cuenta.


Warnemünde también posee varios balnearios y una de las mejores playas del norte de Alemania por lo que es un lugar muy visitado por el resto de alemanes.
Nada más bajar del barco nos internamos en el pueblecito compuesto de pintorescas casitas bajas, un puerto deportivo con bastante ambiente, la Iglesia de ladrillo rojo con un coqueto interior.






Se respira mucha tranquilidad por las calles donde abundan las preciosas casonas y hoteles de lujo que aun sin ser temporada están abiertos. No como en muchas de nuestras zonas de playa que solo abren en temporada alta.


Nos acercamos a la amplia playa repleta de sus típicas y curiosas sombrillas que disponen también de asiento y que le dan un toque de época. 





El paseo marítimo está lleno de casas de ensueño compitiendo entre ellas por ser la más vistosa y espectacular.





No termina de abrir el día que está brumoso y tan pronto se presenta la niebla como sin saber cómo se va. Nos acercamos hacia el faro donde pagando una entrada se puede subir hasta lo alto.



Nos acercamos a la zona del puerto deportivo donde abundan las tiendas y algunos barcos que venden comida y bebida tipo chiringuito pero con más clase que los que estamos acostumbrados a ver por nuestros lares.



Comemos en el barco y al terminar salimos hacia la estación de tren de Warnemünde que está a la entrada del pueblo para tomar un tren que en 30 minutos nos deja en Rostock.
El año pasado cuando hicimos el crucero por los fiordos noruegos, nuestro barco partió de Rostock pero no nos dio tiempo a visitar la ciudad por lo que ahora al tener la tarde entera libre lo aprovecharemos para visitarla.



Una vez en la estación de tren de Rostock caminamos hacia el casco antiguo de la ciudad aunque con el mismo billete podríamos haber tomado el tranvía. Accedemos por la Steintor una de las cuatro puertas históricas con que cuenta la ciudad.
Justo al lado de la puerta se alza el Ständehaus, un precioso edificio de ladrillo rojo que alberga el tribunal de justicia regional.





Seguimos por la misma calle hasta que llegamos a la Plaza del Mercado donde se ubica el Ayuntamiento pintado con un color que no le hace justicia.
Sin embargo las casitas de enfrente sí que son más alemanas y vistosas. A esta horas están terminando de recoger los puestos del mercado que se realiza todos los días en esta plaza.






Sin duda uno de los mayores atractivos que posee Rostock es la imponente Iglesia de Santa María que alberga uno de los relojes astronómicos más antiguos del norte de Europa. Concretamente data del año 1472 y cada hora en punto giran los apóstoles en su parte superior.




Además de este curioso reloj astronómico, posee un órgano de unas dimensiones impactantes y con una exquisita decoración de la que uno no está acostumbrado a ver.



La visita gratuita a la Iglesia nos ha dejado estupefactos por el interés de lo que contiene y su perfecto estado de conservación, una maravilla que no hay que dejar de visitar.


Tomamos la calle Kröpeliner la más comercial de Rostock llena de tiendas y restaurantes, flanqueada por casitas y edificios preciosos que denotan la calidad de vida de la que gozan los habitantes de la ciudad.



Caminando llegamos ahora a la Plaza de la Universidad que toma el nombre por ser la ubicación de la misma con un bello edificio rojo.



Al final de la misma calle nos topamos con la Kröpeliner Tor, otra de las antiguas puertas de entrada a la ciudad con una altura de 54 metros y que en la actualidad alberga el museo de historia de la ciudad de Rostock.




Nos está sorprendiendo muy gratamente la ciudad, la verdad es que no esperábamos mucho de Rostock pero lo que estamos viendo nos está gustando mucho.
Seguimos callejeando y descubrimos la Iglesia de San Pedro con su increíble torre de color negro, aunque no la vemos abierta por lo que solo podemos ver su exterior.



Un poco más adelante está la Iglesia de Nicolás también cerrada a esta hora, aunque parece que ya no se oficia misa y que se ha convertido en oficinas y apartamentos.



No queremos apurar demasiado ya que tenemos que regresar en tren al puerto de Wärnemünde y embarcar. Por tanto decidimos poner aquí fin a la vista a Rostock habiendo resultado una agradable sorpresa ya que no esperábamos que nos gustara tanto la ciudad.

Día 17 de Mayo, viernes:

Noche de navegación y esta mañana hemos amanecido en Malmö, Suecia, último destino del crucero. Ni tan siquiera nos dará tiempo a visitar la ciudad ya que nuestro vuelo parte a medio día. Nos tenemos que conformar con ver la ciudad a distancia desde la cubierta del Zenith.




Nos desplazamos al aeropuerto de la ciudad y a la hora programada tomamos el avión que no lleva de nuevo a Madrid poniendo así fin a otro crucero del que nos estamos aficionando últimamente y que seguro no va a ser el último. Lo hemos pasado muy bien, sobretodo por la compañía de nuestros amigos que ha sido lo mejor del viaje.
Hasta la próxima.







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