11 de abril de 2018

Una escapada muy chula, Chelva y Chulilla


En esta ocasión salimos un fin de semana por el interior de Valencia con la excusa de hacer dos rutas senderistas rodeados de plena naturaleza en dos pueblos situados en unos lugares privilegiados.

Localización  de la salida


Partimos a primera hora de una tarde de Octubre en dirección a Chelva por carreteras en buen estado, sobretodo cuando llegamos a la autovía A-3. A la altura de Utiel dejamos esta vía y nos internamos por la CV-390 que es algo estrecha y con algunas curvas.
Llegamos al pantano de Benagéber y paramos un momento para ver este lugar y hacer unas fotos.



Podemos observar que en las inmediaciones hay unas instalaciones dedicadas a campamentos de verano para jóvenes lo que sin duda tiene que darle un toque de ambiente a esta zona.
También vemos los restos de las típicas construcciones de este tipo de obras como casas para albergar a los obreros, oficinas de la empresa, naves, talleres, almacenes, etc.



Recoge las aguas del río Turia  y a pesar de iniciarse las obras en el año 1931 no se finalizaron hasta el año 1955. El lugar es bonito aunque la tarde es poco propicia ya que podemos observar que todo el valle está bañado por una capa de humo que no logramos adivinar de donde procede.



Además cuando dejamos el embalse y conforme vamos ascendiendo por la serpenteante carretera podemos ver que este lugar ha debido sufrir no hace mucho un incendio que ha devorado gran parte de la cubierta vegetal de la montaña por lo que ofrece un aspecto un tanto lúgubre.




Llegamos a Chelva ya de noche y sin más nos dirigimos al lugar donde pernoctaremos que no es otro que la zona recreativa desde donde empieza la ruta del agua que mañana realizaremos.
GPS: 39.745939, -1.004960 gratuita y donde se puede cargar agua en una fuente próxima.


La zona recreativa está a unos 300 metros del pueblo en el curso del río Tuéjar rodeada de abundante vegetación. Tiene una especie de chiringuito que imaginamos lo abrirán en días festivos y en verano, pero ahora mismo estamos solos para pasar la noche rodeados de la más absoluta tranquilidad.


Después de cenar y ver un rato la televisión nos vamos a la cama con el único sonido de las aguas del río Tuéjar en su tranquilo recorrido. Hasta que a las cuatro de la madrugada somos bruscamente despertados de nuestro plácido sueño por la presencia de dos turismos y su machacona música de pumba pumba.


Aguantamos media hora dándonos de plazo para ver si se marchan con la música a otra parte. Pero transcurrido el plazo y viendo que la fiesta va para rato decidimos poner en funcionamiento nuestra casa rodante y despedirnos de nuestros ruidosos vecinos.
Nos instalamos en una calle del pueblo donde podemos reanudar nuestros sueños sin mayor problema. Es lo bueno de tener una casa con ruedas.
  

Amanece un nuevo día y lo primero que hacemos es bajarnos de nuevo al área recreativa. Comprobamos que nuestros vecinos de anoche, como si se trataran de maléficos vampiros, han abandonado el lugar quizás ahuyentados por los rayos solares del astro rey. Ya se sabe que esta especie de energúmenos no gustan de verse sorprendidos por los primeros rayos solares que son los más dañinos a su naturaleza y abandonan sus lugares de fiesta instintivamente.


La ruta del agua la sacamos del portal especializado en este tipo de actividades Wikiloc y corresponde concretamente a esta: Ruta del Agua. Realmente su nombre es el de "Ruta del Agua, acueducto de Peña Cortada". Es una ruta fácil de realizar con una duración de 13 kilómetros en la que se llegan a emplear unas cinco horas tranquilamente.


Se sale de la zona recreativa siguiendo el curso del río Tuéjar en la que abunda la vegetación. Se llega al pueblo de Calles por sus ricas huertas y saliendo de este pueblo la ruta cambia a zona de pinada con algún repecho hasta llegar al acueducto de Peña Cortada. Y ya desde aquí volver de nuevo a Chelva, por lo que estamos ante una ruta circular.


En días donde no haga calor se puede perfectamente seguir este sentido ya que no pasaremos calor, pero si se realiza en épocas de verano lo recomendable es hacerla en sentido inverso, osea en la de las agujas de un reloj, ya que dejaremos para el final la parte más sombreada.


En este primer tramo vamos andando por un senda perfectamente señalizada que va paralela al río pudiendo apreciar la típica vegetación de las riberas de río y algunos restos de las antiguas huertas hoy en día abandonadas.
En un momento la senda se va estrechando y toma un camino ascendente subiéndonos a la parte alta del cañón del río y ofreciéndonos las primeras imágenes del pueblo de Chelva.




Seguimos caminando por esta zona llana separándonos del río y acercándonos poco a poco al pueblo de Calles donde se ven las huertas y campos cultivados.




Cuando llegamos a Calles hacemos un alto y cómodamente sentados en un banco de madera desayunamos tranquilamente bajo la sombra de una frondosa alameda.
Tras reponer fuerzas pasamos por el pueblo donde notamos el ambiente de un sábado por la mañana típico de un espléndido día de otoño.





Calles nos parece un bonito y coqueto pueblo rodeado de naturaleza, sin grandes monumentos ni alicientes que ver pero un lugar tranquilo, limpio y acogedor al que merece hacerle una visita tranquila y sosegada.




Tras callejear un rato por sus tranquilas callejuelas nos despedimos de Calles y seguimos la ruta que nos llevará a otro punto de interés, el acueducto de Peña Cortada.



La vegetación cambia radicalmente al dejar las huertas donde sus dos principales frutas de esta época son las granadas y los caquis. Conforme nos vamos internando entre las montañas los pinos van haciendo acto de presencia conformándose como los verdaderos dominantes de este tipo de orografía.


Nos encontramos con algún parking donde poder dejar el vehículo si es que se quiere hacer por aquí la subida al acueducto de Peña Cortada, aunque luego veremos que si solo se desea ver este monumento es mejor hacerlo por Chelva ya que la ruta es menos exigente y el parking está más cerca del acueducto.


Llegamos a un tramo donde la senda se encajona entre dos grandes paredes rocosas dejando adivinar el rastro de un pequeño arroyo que desciende de la montaña y que en esta época del año está prácticamente seco.


Este es el tramo más exigente de toda la ruta ya que nos obliga a ascender por una senda balizada y llena de escalones hasta lo alto de la montaña donde se ubica el acueducto.
Conforme vamos ascendiendo las vistas van siendo cada vez mejores y el esfuerzo merece la pena.


Es en este tramo cuando nos encontramos con más senderistas que están haciendo la ruta, aunque vemos que no la hacen completa ya que se limitan a hacer el tramo del acueducto que sin duda es el más espectacular y por tanto donde viene la gente.


Tras hacer un último esfuerzo llegamos a la guinda de esta ruta senderista que no es otro que el acueducto de Peña Cortada, una obra de ingeniería de época romana. En este primer tramo nos encontramos con un túnel excavado en la roca o lo que es lo mismo un acueducto viaducto.



Su inicio estaría en el río Tuéjar, se han descubierto unos 28,6 kilómetros de esta obra, no se sabe exactamente el trazado total y cual sería el destino del mismo, aunque se cree que su construcción serviría para llevar aguas de regadío a la zona de Casinos.




Ahora que estamos recorriendo esta obra de ingeniería romana nos acordamos de otro viaducto parecido a este que visitamos en Gea de Albarracín, el acueducto del barranco de los burros cuya técnica de construcción es muy parecida a este.


El nombre del acueducto viene dado por la gran herida vertical que presenta una gran peña situada encima de esta parte del acueducto.


Después de abandonar dicha herida que bien perece haber sido producida por el tajo de una inmensa hacha salimos a la parte donde se ubica el coqueto puente de piedra.



Evidentemente hay que seguir la ruta por encima del puente de tres arcos que está rellenado de tierra o más bien el canal que antiguamente discurría por aquí ha sido sustituido por relleno para poder caminar. Es lo suficientemente ancho como para poder pasar sin problemas, aunque tampoco para pasar corriendo y sin ninguna precaución.



Seguimos caminando después de haber podido disfrutar de este espectacular tramo de la ruta. A unos diez minutos nos encontramos con un parking donde hay bastantes coches aparcados ya que es ideal para ver el acueducto sin andar demasiado.


Lo que resta de ruta transcurre entre campos de cultivo hasta que llegamos a Chelva sin demasiado interés salvo por los restos de alguna torre de vigilancia destruida en el guerra de la sucesión y hoy día prácticamente reconstruida.


Llegamos a Chelva cuando los puestos del mercadillo semanal de los sábados está llegando a sus últimos coletazos. Se respira un buen ambiente en el pueblo unido a la buena temperatura que está haciendo hoy, por lo que las calles están rebosantes de vida y bullicio.



Como todas las plazas la de Chelva es el centro neurálgico del pueblo y donde generalmente se pueden observar los mejores edificios y monumentos. En este caso tenemos el Ayuntamiento, el Palacio vizcondal y la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles.


De estilos manierista y barroco destaca su curiosa fachada de varios pisos con un campanario adornado por un curioso reloj que le confiere un toque muy especial.
En el interior destaca la recargada ornamentación, el imponente retablo y la cantidad de pinturas con que están decoradas las paredes.


El Palacio vizcondal no nos dice nada pues se trata de un edificio que debe estar abandonado que parece lo están rehabilitando y que algún día ofrecerá los tesoros que debe esconder en su interior.


Por un pasadizo que pasa por debajo del Ayuntamiento dejamos la Plaza Mayor y emprendemos una pequeña ruta por la zona baja y antigua del pueblo donde se ubican los barrios árabe y judío y que sin ninguna duda representa la parte más interesante de Chelva.


Es en esta parte del pueblo donde nos encontramos con las típicas callejuelas estrechas y tortuosas originales que han llegado hasta nuestros días y nos permiten por un momento perdernos por porches, pasadizos, escaleras sinuosas, etc.



Antes de que nos cierren las tiendas hacemos unas compras y nos bajamos a la zona recreativa donde tenemos la auto estacionada. Una vez allí sacamos la mesa y las sillas y comemos a la sombra.
Después de descansar nos ponemos de nuevo en marcha hacia el siguiente destino de esta salida, Chulilla.
Después de pasar por Calles llegamos a las inmediaciones de la cascada de Domeño para ver una bonita caída de agua de 30 metros de altura. Llegamos hasta donde empieza el camino de tierra: 39.708586, -0.938906
Al ver que no cae agua desistimos de hacer la ruta a pie hasta la caida. Sin duda debe ser bonita en épocas de más lluvia.


A media tarde llegamos a Chulilla y estacionamos en el parking que hay a la entrada del pueblo según venimos procedentes de Chelva. GPS: 39.659756, -0.89148. A esta hora no hay nadie cobrando pero sabemos que se paga 4 euros por lo que mañana se pasará el chico a cobrar.




Antes que se haga de noche sería interesante ver un poco el pueblo por lo que nos ponemos en marcha para descubrir este precioso enclave situado en este idílico rincón valenciano.



A unos 60 kilómetros de Valencia capital, en la comarca de los Serranos, Chulilla está ubicado en un entorno natural imponente a la falda de un promontorio rocoso donde se eleva un antiguo castillo árabe del que se conservan varios torreones y la parte de la muralla que da al pueblo.



Este lugar debió ser en su día un promontorio inexpugnable ya que al otro lado de esta imponente roca tenemos el impresionante cañón del río Turia motivo por el que en su día no le hacía falta ninguna construcción defensiva.


Hoy en día Chulilla no necesita defenderse de sus numerosos invasores con murallas ni otros obstáculos. Al contrario, es una población que acoge de buena gana a los numerosos turistas que se dan cita en tan singular lugar atraídos por sus interesantes rutas senderistas donde sin duda destaca la más famosa de ellas, "los puentes colgantes".


Visto el pueblo desde la carretera de salida hacia Valencia donde se obtienen las mejores panorámicas de la villa, nos internamos por las empinadas callejuelas para descubrir los bellos rincones que esconde.




Caminamos tranquilamente por las vacías calles de Chulilla mientras el día se va desvaneciendo poco a poco para dejar paso al misterio de la noche. Respiramos en una terraza el buen ambiente que se vive en la Plaza de la Baronia, auténtico corazón de los habitantes y visitantes de Chulilla.
Y para rematar el día cenamos en el bar más próximo al parking: "Goscanos Chulilla" para no tener que andar mucho después de la cena.


La noche transcurre muy tranquila y podemos descansar bastante bien. Desde primeras horas de la mañana vemos que el parking empieza a llenarse poco a poco. También observamos que los aficionados a la escalada muy numerosos aquí empiezan a preparar el instrumental de escalada. Chulilla aparte de senderistas también atrae a muchos escaladores por los cortados que hay en el cañón del Turia..


Llega el chico que cobra el parking y le abonamos los 4 euros que vale pasar aquí la noche. Cuando estamos preparados nos ponemos en marcha para hacer la famosa ruta de los puentes colgantes.
Concretamente nosotros haremos esta ruta: Ruta en Chulilla.
En total salen unos 16 kilómetros, de unas 5 horas, es circular y de dificultad moderada.


Desde el parking hay que salir fuera del pueblo y caminar por la orilla de la carretera unos 400 metros aproximadamente hasta que se llega al inicio de la ruta propiamente dicha. Entonces se gira a la izquierda y se toma una senda que nos conduce al imponente cañón del río Turia desde donde se ve abajo la zona conocida como charco azul.


Este primer tramo de la ruta es espectacular ya que nos permite admirar la altura y dimensión de este cañón que el río ha ido labrando en la roca durante miles y miles de años.
Seguidamente se llega al primer puente colgante de la ruta. Para ello hay que descender por una angosta senda llena de escalones aunque perfectamente balizada.


Por dicho puente se cruza el río al ser este margen más propicio para seguir caminando río arriba. No tiene gran altura pero impresiona un poco cruzar con el típico movimiento que hacen estas construcciones.


Seguimos caminando ahora a nivel del río y por tanto cambiando la perspectiva del cañón que hasta hace tan poco veíamos desde arriba. Volvemos a cruzar el río por el segundo puente caminando ahora por el margen izquierdo.



A ambos lados se alzan imponentes paredes verticales, aunque las de la parte izquierda son impresionantes y es entonces cuando entendemos el motivo por el que Chulilla es un lugar apreciado por los aficionados a la escalada. Tenemos suerte y podemos ver en plena acción a varios de ellos sobrados sin duda de valor para acometer tales empresas.




En este tramo podemos observar la típica flora de ribera fluvial con gran presencia de cañizos, pinos y arbustos.


Llegamos al embalse de Loriguilla y ascendemos hacia lo alto de la presa haciendo una parada para desayunar mientras nos deleitamos con las fabulosas vistas que se tienen de todo este entorno.



En este punto tengo que decir que tal vez hubiera sido acertado volver por el mismo camino y dejar el tramos que nos faltaba. Y ello es debido a que en este punto la ruta cambia y no a mejor. Primero hay que ascender bastante por un camino sin sombra, luego la cueva con pinturas rupestres se la puede uno evitar ya que no merecen la pena y por último este tramo de ruta no tiene el mismo interés.


Quizás si se quiere hacer toda la ruta habría que hacerla en sentido inverso dejando la parte más interesante y con más sombra para el final. Pero nosotros al final optamos por seguir y hacer la ruta completa. Parece que nos hemos equivocado de sentido en las dos rutas que hemos hecho este fin de semana.
 

Así llegamos a la cueva o más bien al abrigo donde están ubicadas unas pinturas rupestres que hay que fijarse muy bien para poder distinguirlas. Aunque estar están es verdad, pero cuesta verlas ya que la valla imposibilita acercarse más para apreciarlas mejor.


Curiosamente en este punto coincidimos con bastante gente que viene hasta aquí a ver las pinturas. Ahora toca regresar al pueblo, ver el Charco azul y así finalizar la ruta senderista.


Este último tramo transcurre por lo alto del barranco de Vallfigueras donde el pino es el verdadero rey en estas cotas aunque con un tamaño algo reducido que no nos llegan a dar sombra en este caluroso día.


Por fin divisamos el pueblo a lo lejos lo que nos da fuerzas para continuar y terminar la ruta que al final se hace algo costosa y pesada sobretodo por el calor que hace. Por eso sería recomendable hacerla en sentido inverso.



Pasamos por debajo del castillo y nos dirigimos hacia el charco azul, una especie de lago que forman las aguas del río tras atravesar una angosta abertura en la roca del desfiladero.
Aquí hay mucha gente y cuando llegamos al lago vemos que deberíamos haber tomado un camino que salía mucho antes a nuestra derecha y que va paralelo a la pared.


Bastante cansados y como guinda nos toca subir a lo alto del pueblo por una tortuosa senda. Sobre las dos de la tarde terminamos por fin la ruta y tras una refrescante cerveza nos vamos a comer al mismo bar de anoche. Terminamos así esta escapada donde andar ha sido nuestro mayor entretenimiento con estas dos rutas senderistas por esta zona del interior de Valencia que no conocíamos y tanto nos ha gustado.


Dejamos Chulilla pasando por Sot de Chera y después por Chera. Tenemos suerte de no tener ningún percance en la carretera entre estos dos pueblos ya que hay tramos muy difíciles. Tramos muy estrechos donde solo cabe un vehículo, con bastantes curvas cerradas ciegas, zonas donde la roca limita la altura, etc. Por tanto y como consejo, dejar este itinerario y volver por donde llegamos a Chelva.





Vídeo de la entrada

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