27 de septiembre de 2012

Marruecos, nuestro segundo viaje (1ª parte)



Vacaciones de Semana Santa de 2012. Ante nosotros tenemos 10 días para reencontrarnos de nuevo con el país que hace dos años nos cautivó y enamoró: Marruecos.
En esta expedición volvemos a repetir las mismos viajeros de hace 2 años, con una incorporación nueva, Alejandro nos acompaña, pues le pusimos los dientes largos cuando regresamos y está deseando venir esta  vez.

Parking Palmones, Los Barrios.

Somos los últimos en llegar al parking del Lidl de Los Palmones, GPS 36 10 56.75 N 5 26 21.00 W, y nuestros amigos ya han recogido y pagado los billetes del ferry en la cercana agencia de viajes Normandie, que como hace 2 años ha sido la preferida para este menester, totalmente recomendable.
El Parking está a rebosar de autocaravanas francesas en su mayoría, que acaban de cruzar el charco. Nosotros mañana a primera hora haremos el recorrido inverso.
Sobre las cinco y media y sin haber dormido excesivamente bien por la emoción de tener que embarcar y no llegar tarde, salimos para el puerto y parece que nos estuvieran esperando y aunque no es nuestro barco, nos hacen un hueco y conseguimos embarcar, menuda suerte hemos tenido.

Puerto de Tanger Med.

Durante el trayecto toca el trámite de pasar por la cabina de la Gendarmeria marroquí y formalizar el papeleo de Pasaportes e importación temporal de vehículos.
En poco tiempo llegamos al nuevo puerto de Tanger Med, construido entre las ciudades de Tanger y Ceuta por el Gobierno marroquí que ha invertido una ingente cantidad de dinero con el fin de convertirse en el primer puerto de mercancías del mediterráneo.

Puesto de Control de la aduana.

Se le ve muy moderno y bonito, qué bien, parece que el paso por la aduana será mejor y más rápido que en el antiguo puerto de Tanger.
Al poco tiempo podemos comprobar que sí, todo muy bonito y moderno, pero el sistema de trabajo de los funcionarios marroquíes es el mismo que en el antiguo puerto, un caos total.
Un Gendarme que es el que lleva la batuta, es el encargado de decidir la preferencia de paso de unos y otros, todo ello amenizado por un descontrol total y unas formas deplorables, vamos que tardamos más tiempo en cruzar la nueva frontera que la antigua, con eso está todo dicho. Hay que armarse de paciencia, estamos en Marruecos y aquí aplican su famoso dicho: "Las prisas matan".
A mi es a quien más le cuesta tramitar el tema del pasaporte, pues tengo uno nuevo y me tienen que poner un nuevo sello de entrada al país.

Puerta marítima.

Cuando al Gendarme que lleva la batuta le parece que ya hemos esperado bastante, nos da paso por fin y suspiramos aliviados.
Lo llevan claro si creen que van a convertirse en el primer puerto del Mediterráneo, pues no tienen que cambiar la forma de trabajar...
Lo primero que hacemos nada más pasar la Aduana es parar en la Puerta marítima y cambiar Dirhams en un cajero. Nos sale a 1 euros 10 u 11 Dirhams aproximadamente, no está mal.
Incorporados a la autopista, en la primera gasolinera llenamos los depósitos de diésel que está a 0,70 euros el litro, aproximadamente la mitad que en España.

Asilah.

A primeras horas de la mañana llegamos a Asilah, nuestro primer destino de la costa atlántica.
Estacionamos en una explanada cerca del casco antiguo de Asilah, GPS 35 28 03.94 N 6 02 10.45 W, sin servicios y pagando sobre 2 euros por auto, aquí hay que negociarlo todo, evidentemente.

 Parking Asilah.

Asilah se sitúa al norte de la costa atlántica marroquí, a 50 km al sur de Tánger. Tiene una historia muy ajetreada, habiendo sido controlada por fenicios, griegos, cartagineses, romanos, árabes, portugueses y españoles, llamándose Zilis (fenicios), Constancia (romanos) y Asilah (árabes).

Parking Asilah.

Fue plaza portuguesa conquistada a finales del siglo XV, construyéndose las murallas defensivas que hoy albergan el pueblo y su medina.
 
A finales del siglo XVI, fue recuperada por la dinastía Saadí e integrada a sus territorios, para ser conquistada brevemente por los españoles en el último tercio del siglo XVII. Finalmente, fue recuperada por Muley Ismail en 1691. La medina que hoy conocemos data de ésta época, ya que fue totalmente reconstruida tras la expulsión de los españoles.

 Callecita de Asilah.

Asilah tiene sin ninguna duda la medina más limpia y cuidada de Marruecos, siendo su mayor interés turístico. Sus edificaciones están en perfecto estado, restauradas y rehabilitadas.
Sus calles blancas con zócalos azules están adoquinadas según la tradición local, la iluminación es singular y sus abundantes adornos florales de los vecinos hacen relajante el paseo por la medina.

Medina de Asilah.


La verdad es que la primera impresión que nos causa Asilah es la de una ciudad muy cuidad y turística, nada que ver con la impresión que nos causó hace dos años Chefchaouen, que nos pareció más auténtica y, aunque también es turística, aunque menos comercial.
Asilah dispone prácticamente de todos los servicios de cualquier ciudad europea, incluidos bares y restaurantes que preparan muy bien el pescado de la zona que es muy bueno.

Medina de Asilah.

Caminando por las tranquilas y ahora poco transitadas calles de Asilah, llegamos al conocido "Mirador de Asilah", desde donde podemos contemplar el Océano Atlántico, las murallas de la ciudad y sus blancas casas.

Asilah.

Permanecemos un buen rato en este lugar, pues el mismo invita al sosiego y a la relajación. Podemos contemplar un pequeño y curioso cementerio, aunque lo podrían cuidar un poco más, pues la porcelana de los azulejos es bonita y están algo desgastados y sobre todo sucios.

  Haciendo pan, Asilah.

Salimos del "Mirador", y nos perdemos por la callejuelas de Asilah. El olor a pan nos lleva a un horno y aprovechamos para comprar el pan recién hecho, que es una de las mejores cosas que se puede comer en todo Marruecos, además es muy barato y el precio es muy similar en todo Marruecos.

Medina Asilah.

No podemos resistirnos a no comer ahora el pan y damos buena cuenta de parte de él. Mientras, salimos de la Medina y nos metemos de lleno en el mercado, donde podemos sumergirnos en otro mundo de olores, colores y sabores.
Una tormenta nos sorprende y tenemos que resguardarnos bajo un toldo de una tienda. Compramos unos boquerones muy frescos y a un muy buen precio, que serán parte de la comida de hoy, que la haremos en Moulay Bousselham.
 
Para saber más:


 Vídeo de Asilah

Moulay Bousselham.

Llegamos a Moulay Bosselham y paramos un momento en la plaza. Allí, como era de esperar, nos asaltan los vendedores de pescado, algún dueño de los  numerosos chiringuitos y algún que otro pescador que nos ofrece un paseo en barca.
Decidimos finalmente pasar aquí el resto del día, por lo que nos vamos hacia su camping y dejamos la comida en algún chiringuito para otra ocasión,
Muy bien situado, aunque con los servicios mínimos, por lo que la tarifa es bastante apropiada. GPS 34 52 33.95 N 6 17 18.76 W .
Nos acomodamos haciendo un círculo y preparando la comida.
Enseguida viene un niño con una caja de fresas que le compramos para el postre.


Situación del camping, Moulay Bousselham.

Entre todos preparamos la comida y pasamos un buen rato. El calor aprieta y algunos se pegan una buena siesta, mientras pensamos qué hacer el resto de la tarde. Al final pensamos en que una buena opción es darnos por paseo en barca por la laguna y si tenemos suerte ver los flamencos.

 Laguna de Moulay Bousselham.

Moulay se remonta a tiempos de los fenicios que conocían el resguardo que ofrecía a sus naves, aunque no ha cambiado mucho desde entonces,siendo un pequeño pueblo pesquero hasta hace unos veinte años cuando ha comenzado a evolucionar sobre todo debido al turismo.

Salimos a la laguna por una puertecita de la valla del camping y enseguida tenemos a un chaval que se ofrece para darnos un paseo por la laguna.
 
 Barquitas en Moulay Bousselham.

Tras el típico regateo y ajuste de precio, los más valientes nos subimos en una de las bonitas barquitas que utilizan los pescadores para pescar y para sacarse un sobresueldo a base de pasear a los turistas.

Parte de la expedición.


Barcas fuera del mar.

El sol de la tarde va cayendo y mientras que esto ocurre nosotros vamos tranquilamente surcando las poco profundas aguas de la laguna.


Laguna Merja Zerga, Moulay.

El chaval que conduce la barca nos intenta llevar lo más lejos posible pero la barca encalla unas cuantas veces y no podemos seguir más adelante. No obstante y aunque de lejos, conseguimos divisar a los flamencos.


Medio de transporte en la laguna.

Conforme va transcurriendo la tarde y ante la inminente puesta de sol, va refrescando y la humedad se hace patente.


Puesta de sol Moulay Bousselham.

Antes de llegar al camping, podemos disfrutar de la última postal del día, la puesta de sol magnífica que lentamente podemos contemplar.

Para saber más de la laguna:

Laguna Merja Zerga

Parking en Moulay Bousselham.

A la mañana siguiente subimos al pueblo para dar un paseo. Dejamos las autos en el parking de la plaza, muy bien vigiladas, GPS 34 52 32.05 N 6 17 46.28 W .
Moulay no es que tenga mucho más que ver, se ven casitas cerca de la playa que sin duda son utilizadas en época estival, aunque están bastante descuidadas.


Playa de Moulay Bousselham.

Sin duda la mejor postal que podemos ver de todo el entorno está en lo alta de la plaza donde hemos aparcados las autos y hacia allí nos vamos.

Puerto pesquero y camping, Moulay.

A estas horas en el pequeño puerto pesquero hay una actividad desbordante, pues los barquitos están llegando con sus capturas. Buen momento para bajar y hacerse con unos buenos ejemplares.

Laguna de Moulay Bousselham.

A media mañana partimos hacia nuestro siguiente destino en la costa atlántica marroquí:
El Jadida.

A la entrada de la ciudad y tras haber dejado la autopista, todavía con la inercia de la velocidad, me paran unos gendarmes y me informan que he sido sorprendido a excesiva velocidad. Efectivamente no he podido evitar uno de los numerosos controles de velocidad.
Tras conversar con uno de ellos y prometerle que no voy a correr tanto, y quizás al ver que formamos parte de un grupo de autos españolas, me dejan marchar sin la multa correspondiente, hemos tenido suerte por ahora.

 Parking en El Jadida.

Llegamos a la ciudad después del susto y estacionamos junto a las murallas de la ciudad portuguesa, GPS 33 15 24.26 N 8 30 16.56 W como siempre hay que pagar a la vuelta a uno de los numerosos gorrillas que salen a nuestro encuentro.
Enseguida nos vamos hacia lo más interesante de El Jadida: la antigua ciudad portuguesa.

Lugar donde está el parking, El Jadida.

Interior ciudad portuguesa.

El Jadida es una ciudad de unos 150.000 habitantes, situada a unos 95 kilómetros al Sur Oeste de Casablanca. Se accede a la ciudad a través de una autopista de peaje que es la que hemos estado utilizando hasta ahora y que llega hasta El Jadida, a partir de aquí tocan carreteras secundarias.

El Jadida.

Los orígenes de lo que se conoce como ciudad portuguesa se remonta a principios del Siglo XVI, cuando Portugal ocupó varias plazas en la costa atlántica marroquí.
Esto se llamaba entonces Mazagán, por lo que levantaron un pequeño castillo sobre los restos de un emplazamiento almohade.

Ciudad Portuguesa, El Jadida.

Alertados por la pérdida de otras plazas, es cuando los portugueses deciden fortificar el castillo con grandes murallas y acondicionando una sala de armas como aljibe de gran capacidad para poder soportar largos asedios.
Durante años la ciudad pasa de manos portuguesas a españolas al poder resistir los diferentes azotes de las tribus de la zona, también contribuyó a ello que esto era una isla, lo que hacia más fácil su defensa.


El Jadida.

En 1.769, los portugueses se vieron obligados a abandonar Mazagán, debido a la fuerte presión que recibieron de varias tribus, no sin antes incendiar y destruir gran parte de la ciudad.
La nueva ciudad se desarrolló extramuros, pasando unos 50 años abandonada hasta que en los años 20 del Siglo XIX fue reconstruida.
El resto de la ciudad no merece mucho la pena visitarla, tan solo vamos a ver la antigua ciudad portuguesa que está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y sobre todo la "Cisterna".
Cuando vamos a verla nos damos cuenta que han cerrado por lo que tendremos que verla después de comer.

Mercado El Jadida.

Antes de comer damos una vuelta por el concurrido mercado de la ciudad que está pegado a las murallas de la ciudad portuguesa.

Productos marroquíes.

La verdad es que no es muy buena idea meterse en el corazón de un mercado marroquí momentos antes de comer pues los aromas que destilan algunos lugares no son muy recomendables.

Diversidad de colores, El Jadida.

Yo considero que en sitios como éste es donde se puede "respirar" el verdadero Marruecos con todo lo que ello conlleva, a mi particularmente me gusta bastante.

 Mercado El Jadida.

Saturados de tanto color y olor se nos han abierto las ganas de comer, por lo que buscamos un lugar más tranquilo para comer.
Tras pagar algunos dirhams a los gorrillas, cogemos las autos y nos vamos hacia la zona del puerto a una explanada, antes pasamos por el acceso principal del parking, aunque dando la vuelta conseguimos llegar a la misma explanada pero sin tener que pagar nada, también es cierto que está más retirada.

 Parking junto a las murallas, El Jadida.

Hacemos el típico y aprendido corro con las autos para no ser molestados mientras comemos y nos disponemos a dar cuenta de una sabrosa y suculenta comida.
GPS 33 15 19.92 N 8 30 02.34 W

Podemos comer relativamente tranquilos, pues de vez en cuando alguien curioseando se acerca, pero el culmen viene cuando unos chavales para impresionarnos y quizás sacarnos unas propinillas se tiran desde lo alto de las murallas hacia el canal de mar.

Escena de los saltos.

De auténticos locos lo consideramos y pensamos que antes que les ocurra nada hay que cortar el tema pues si a alguno le pasa algo nos puede salpicar a nosotros, por lo que les decimos que se marchen ya que no les vamos a dar nada, sobre todo alcohol que es lo que quieren.

Puerto de El Jadida.

Más tranquilos después de que se hayan marchado los pesados de los chavales, decidimos irnos de nuevo hacía la ciudad portuguesa y ver la cisterna, verdadera joya de El Jadida y el principal objetivo que hemos venido a ver a esta ciudad.


Calles de Ciudad Portuguesa, El Jadida.

La primera vez que pasamos por la calle principal no vimos la entrada a la cisterna, pues no está muy bien indicada, pero a la vuelta si que la vimos y ahora vamos derechos como un tiro.
Ya han abierto la puerta y nos disponemos a visitar este monumento.

Cisterna portuguesa, El Jadida.

En un pequeño mostrador sacamos la baratas entradas y un guía nos acompaña hacia dentro para enseñarnos la cisterna y explicarnos su historia.
Yo no se los años que puede tener este hombre, pero podría ser mi bisabuelo, increíble. Chapurreando entre francés y español, el buen hombre se esfuerza para hacernos entender la historia del lugar donde estamos, tan esfuerzo no puede ser en balde por lo que le seguimos, intentando comprender sus explicaciones, haciendo ambas partes esfuerzos para entendernos y comprendernos, consiguiéndolo sin grandes problemas.

Cisterna Portuguesa, El Jadida.

Sobre 1.514 se construyó junto al resto de la fortaleza siendo armería, transformándose en cisterna en 1.541. El techo está formado por 36 bóvedas que se sostienen en 25 columnas.
La iluminación es escasa, lo que le da un toque más misterioso y mágico, reflejándose la tenue luz en la fina capa de agua, creando un efecto espejo alucinante y verdaderamente bonito. Hay que recordar que su estilo gótico es único en África, lo que le da una imagen inolvidable, de esos lugares que uno recuerda con el paso del tiempo y que tan difícil es de conseguir cuando se viaja.

Cisterna portuguesa, El Jadida.

La cisterna se abandonó y quedó enterrada durante 2 siglos, siendo a principios del Siglo XIX cuando por casualidad se re descubrió, vaciándose su interior, restaurándola y abriendo una claraboya en el centro para que pasara la luz.
A uno le embriaga la sensación de estar en un lugar histórico, sobre todo cuando disfrutamos de un momento de silencio en el que parece que de un momento a otro de las columnas y bóvedas van a salir unas voces que nos van a contar alguna historia acaecida entre estos muros. Entonces es cuando miramos a nuestro guía y nuestras expectativas se cumplen.
Tras la visita  altamente recomendable en mi opinión, tenemos que volver a aflojar el bolsillo para darle una propina a nuestro anciano guía, se lo ha merecido el hombre.
Damos por concluida nuestra visita a Safi y partimos hacia nuestro siguiente destino:
Safi, la ciudad de los alfareros.

Vista de la situación del parking en Safi.

Por carreteras ya marroquíes, pues se ha acabado la autopista, tomamos ruta con tiempo ya que a partir de ahora los cálculos no valen para nada, y no queremos que se nos haga tarde.
Llegamos a Safi, ya oscureciendo, a esa hora en que parece que las ciudades de marruecos se transforman en otra cosa.
Gente por todos lados, música bereber, griterío de la gente, miradas que se nos quedan marcadas, sentimos que Safi no debe ser muy turística, al contrario que hasta ahora, se ve otro ambiente diferente como más auténtico. La calle por la que transitamos está abarrotada de gente que curiosea en el mercado, tengo que ir a dedos para no atropellar a nadie, que caos hay, Dios mio, y como me gusta, estoy en mi salsa.
Por fin llegamos a nuestro parking, GPS 32 17 58.59 9 14 36.57 W , evidentemente sin servicios y escoltados por varios gorrillas que nos vigilarán las autos como si fueran suyas.

Situación del camping, Safi.

Esperamos un rato a que llegue el resto del equipo y nos coloquemos todos juntos, no hay problemas, los gorrillas echan a otros carromatos y nos dejan el hueco necesario, siempre tan serviciales estos marroquíes.
Algunos del grupo se agobian por tanto ajetreo, creyendo que de  noche, con tanta gente y en este lugar, no es la situación más adecuada. Además no se ve un turista maldito, que bien, lo que a mi me gusta. Nos vamos a dar una vuelta por el inmenso mercado.
Hay que ver la cantidad de cosas que uno puede encontrar en mercados como este. No obstante y cuando llevamos un rato andando, nos damos cuenta que hay una persona que se ha unido al grupo. Al principio solo nos observa caminando junto a nosotros, pero poco a poco va tomando confianza y se nos ofrece para ser nuestro guía por Safi.

La noche de Safi.

Le damos largas pues no queremos llevar enganchado a nadie, y lo ignoramos a ver si se cansa y nos deja. Pero este hombre se conoce que no tiene otra cosa mejor que hacer y permanece a nuestro lado. Lo bautizamos, aunque no sea cristiano con el apodo de "cara cortá", pues tiene una enorme cicatriz que le deforma la cara, lo que aún da si cabe más yuyu.
Cuando consideramos que ya hemos andado bastante ponemos rumbo a las autos y nuestro guía nos sigue, recomendándonos irnos a pernoctar al camping.
Le hacemos caso, ya que la calle donde estamos es muy transitada y además queremos relajarnos. Nos despedimos de "cara cortá", que nos promete que mañana nos estará esperando para enseñarnos el barrio de los alfareros.
Ponemos rumbo al camping que está situado a unos 3 kilómetros de la medina de Safi, Gps 32 19 02.52 N 9 14 18.17 W .

Camping Safi.

El camping no es gran cosa pero cumple sobradamente las exigencias que queremos, tranquilidad, aseos en condiciones aceptables, eso si, para ducharse hay que pedir la llave al encargado.
Enseguida nos vamos a la cama pues el día ha sido duro y mañana nos espera otro igual o más duro.

Hemos dormido como bebés y tras hacer las típicas labores de vaciado, llenado y alguna que otra ducha, pagamos el precio algo más caro que el habitual de los campings marroquíes y partimos hacia la ciudad.


Lugar donde estacionamos en Safi.

Aparcamos en el mismo lugar que ayer y para nuestra sorpresa comprobamos que nuestro guía de ayer nos está esperando fiel a su promesa de enseñarnos el barrio de los alfareros y lo que haga falta.


Hacia el barrio de los alfareros.

Nuestro guía se pone delante y nosotros le seguimos, los más miedosos/as del grupo no están del todo confiados pues no saben donde nos llevará. A mi me da toda la confianza y les digo que le sigamos que estén tranquilos.


Nuestro improvisado guía.

Las callejuelas por las que nos está metiendo "cara cortá", no ayudan a que los miedosos/as se sosieguen, me recuerda un poco a la aventura de la medina de Fez hace 2 años, cuando acompañados esta vez de una niña, nos llevó por callejuelas similares en busca de un lugar para comer y algunos se agobiaron un poco, algunos siguen sin perder la desconfianza.

Muralla portuguesa de Safi.

Cuando David, el más pequeño del grupo, y quizás el más listo, le da la mano a nuestro guía, y éste se encarga de protegerlo y mimarlo, las dudas afortunadamente desaparecen y comprendemos que estamos en buenas manos y nos damos cuenta que si no llega a ser por la ayuda de esta persona no hubiéramos visto ni la mitad de cosas que nos tiene que enseñar.


Barrio de los alfareros, Safi.

No es fácil llegar al barrio de los alfareros, quizás preguntando habríamos llegado por nuestra cuenta, pero mejor ha sido así, es lo que tiene cuando se va a un lugar por primera vez.

Interior de un taller, Safi.

Safi es una ciudad de la costa atlántica, alejada de cualquier circuito turístico. Cuenta en la actualidad con unos 400.000 habitantes y es una ciudad en constante crecimiento debido a la importancia del tráfico portuario debido a su industria química y la industria de la pesca, siendo la sardina la principal captura de sus aguas, aunque ha perdido la importancia que llegó a alcanzar antaño que le hizo convertirse en el mayor puerto sardinero del mundo.

Hornos para cocción del barro, Safi.

Ya los fenicios conocían Safi, la pregunta es: qué es lo que no conocían los fenicios, siendo utilizada como fondeadero aprovechando el enclave privilegiado que le da el estar situado en una amplia bahía rodeada de acantilados.
Sin embargo no fue hasta el Siglo XV cuando los portugueses tomaron la plaza en busca de la ruta del sur, convirtiéndose en un punto clave como puerto en la ruta de Guinea.
En vista de la importancia que iba adquiriendo Safi, los portugueses rodearon la ciudad con  murallas, construyeron a orillas del  mar un castillo y comenzaron la construcción de una catedral gótica.
Todo ello se vino abajo, pues en 1541 los portugueses tuvieron que abandonar la plaza presionados por diferentes tribus locales.


Trabajadores en el barrio de los alfareros, Safi.

La ciudad siguió creciendo, debido sobre todo a que se convirtió en la puerta de salida y entrada del comercio generado por la ciudad de Marrakech, hasta que se construyó la nueva Essaouira, canalizándose el comercio hasta esta ciudad cayendo Safi en decadencia.


Cementerio del barrio de los alfareros, Safi.

Nosotros ahora estamos en el barrio de los alfareros. Situado en una colina, aquí ya solo quedan vestigios del antiguo esplendor que tuvo la ciudad con la elaboración de la cerámica, pues actualmente la mayor parte de la producción se elabora en modernos talleres situados en las afuera de la ciudad. No obstante en esta colina aún quedan artesanos que agrupados en cooperativa siguen trabajando el barro y la arcilla con el firme propósito de que su oficio no se pierda, por lo que la presencia turística les es necesaria.

Casas del barrio de los alfareros, Safi.

Nuestro guía se mueve por la zona como pez en el agua y hasta parece que tiene cierta influencia entre los trabajadores de los talleres, pues lo tratan con respeto, no debemos ser los primeros que lleva a este lugar.
Pasamos a algún que otro taller y podemos contemplar la forma en que trabajan estas personas. Condiciones por otro lado lamentables. Con escasa luz y en condiciones algo duras estas personas se ganan dignamente la vida haciendo lo que saben, y lo que hacen es digno de ver y tener en cuenta, pues los trabajos nos parecen muy buenos, todo hecho a mano.

Productos cerámicos, Safi.

Las sensaciones que nos produce el barrio son algo contradictorias. Por un lado podemos apreciar un barrio entero dedicado a estos menesteres con sus hornos alzándose al cielo orgullosos y por otro lado vemos la preocupante decadencia de sus hornos e instalaciones que se van resquebrajando y deteriorándose irremediablemente hacia un más que probable abandono y posterior olvido.


Mercado alfarería, Safi.

Tras las demostraciones y visitas, toca el turno de las compras, para  lo cual nos llevan a un par de lugares que tienen habilitados para este menester y de nuevo nos ponemos a practicar el deporte nacional, el regateo.
Ha salido una alumna aventajada que sorprende hasta los mismos marroquíes y que casi les hace perder la paciencia, Mati.
No saben estos lo que una mujer española puede conseguir con su testarudez a no dejarse engañar en el difícil arte del regateo. Al final realizamos algunas compras y quedamos en que nos van a bajar a la ciudad algunas piezas más que tienen que ir a buscarlas.

De ruta con nuestro guía en Safi.

Terminada la visita a los alfareros, nos encaminamos hacia la Medina de Safi, otro lugar que no hay que perderse, así como los restos de la Catedral gótica que empezaron a construir los portugueses.
También queremos probar el pescado de Safi, por lo que nuestro guía nos lleva a un lugar situado en lo alto de unos acantilados, donde existen 3 o 4 locales con terraza que se dedican a esto.
Concretamos con uno de ellos las condiciones y el precio de la comida y hasta que nos preparen la misma nos vamos hacia la Medina.

Castillo portugués, Safi.

En Marruecos, en cualquier lugar donde se coma, evidentemente no te ponen alcohol, pero sí que te permiten que tú lo lleves, por lo que no es problema, así es que eso haremos nosotros cuando regresemos a comer.
La Medina de Safi, está rodeada por la antigua muralla que construyeron los portugueses y su estado es bastante aceptable. Va subiendo lentamente a lo largo de una colina, situándose en lo alto de la misma un imponente Palacio construido en el Siglo XVIII, como residencia del Gobernador y que en la actualidad alberga el Museo Nacional de la Cerámica.

Aguador, Safi.

Entrar en una Medina es entrar en otro mundo. Aqui parace que el mundo se ha detenido o que hayamos vuelto atrás en el tiempo. Gente por todas partes, ruidos diferentes, colores y olores variados y sorprendentes, callecitas bulliciosas donde se vende casi de todo, talleres artesanales, tenderetes y carrillos que te ofrecen multitud de productos, aunque parece que poco a poco va ganando la batalla los omnipresentes productos Made in China, es lo malo de la globalización.

Inmediaciones iglesia portuguesa, Safi.

Enseguida nuestro guía nos conduce por las laberínticas calles de la Medina hasta llegar a los restos de la Catedral portuguesa. La verdad es que no queda mucho, también se entiende pues estamos en un país musulmán y los restos de una Iglesia no creo que les traiga muchas preocupaciones, tal vez si Safi fuera visitada por más turistas lo tendrían en cuenta a la hora de su rehabilitación.

Practicando el deporte nacional, el regateo, Safi.

Lo que queda en pie es una parte del coro de lo que iba a ser la Catedral de Santa Catalina edificada en 1.519. Puede que pase uno y no la vea pues hay que estar atento al no estar muy bien indicada. Eso si, la entrada es barata, 1 euro pero lo que hay que ver tampoco es mucho. Tan solo el techo formado por una bóveda de crucería.
Los dos "guías" que se encargan de enseñar el monumento se esfuerzan en que veamos la bóveda encendiendo para ello las velas de un candelabro que tras varios intentos consiguen encender en parte, al tiempo que uno de ellos se afana en hacerse entender en francés.

Castillo portugués, Safi.

A la salida de la Catedral nos están esperando nuestros amigos alfareros con el resto de piezas que les habíamos encargado, aunque a un precio superior al tratado en el barrio. De nuevo tocar practicar deporte, otra vez a regatear, nos van a salir agujetas, como cansa.

Comiendo pescados de la zona, Safi.

Con tanto regateo nos ha dado hambre, por lo que recogemos cerveza y vino de las autos y en una neverita nos lo llevamos al restaurante donde vamos a comer.
Aquí nos preparan unos platos de ensalada y pescados típicos de la zona donde estamos y pasamos un buen rato de relax, contemplando las gaviotas que revolotean frente a nosotros en los escarpados acantilados que dan al azul intenso del mar.
Tras despedirnos de nuestro guía y darle alguna propinilla, alguna en forma de botella de vino y algún bote de cerveza, que es lo que más agradece, partimos de Safi con las buenas sensaciones que nos ha dejado esta ciudad.

Para saber más:

Safi


Vídeo de Safi

Parada a tomar café, cerca de Safi.

Salimos de Safi y buscamos un lugar tranquilo para tomar café y descansar un rato. Al poco tiempo y cuando la carretera se empina encontramos unos acantilados al borde de la misma, desde donde hay una vistas magníficas, GPS 32 11 26.18 N 9 15 27.15 W

Vistas desde los acantilados.

Este es uno de esos momentos en los que viajar con autocaravana no tiene precio. Tu café caliente, tu tumbona, el magnífico emplazamiento, la maravillosa compañía y el momento único, no lo cambio por nada.

El Océano Atlántico marroquí.

Inmensas playas camino de Essaouira.

La carretera transcurre paralela a la costa y podemos deleitarnos con las vistas de las grandiosas playas llenas de impresionantes dunas.

Dromedarios.

De vez en cuando aparecen ante nuestros sorprendidos ojos rebaños enteros de dromedarios que pastan libremente por los prados entre la carretera y las playas.

Paso de ganado.

La conducción en Marruecos en las zonas donde no hay autopista, hay que hacerla con precaución y llevar puestos constantemente los cinco sentidos, pues se puede uno encontrar con algún que otro imprevisto. Nada como ir despacio y cuando haya que parar se para como en este caso que una manada de vacas cruzan tranquilamente la carretera.

Essaouira al fondo.

Después de una buena cantidad de kilómetros, estamos en las inmediaciones de Essaouira, lugar donde pernoctaremos esta noche. Hemos llegado de día, cosa que se agradece. Como siempre al hacer una estimación de tiempo entre ciudad y ciudad hay que dejar mucho margen para imprevistos, no es buena idea ir pegado de tiempo.

Parking Essaouira.

Llegamos a Essaouira y nos metemos directamente en el parking que hay habilitado para autocaravanas. Situado en una zona inmejorable a tiro de piedra de las playas, la fortaleza, el puerto y la Medina, no dispone de servicios y está algo sucio, sobre todo donde nos meten al principio, mejor cuando haya espacio meterse más al centro del mismo. GPS 31 30 39.44 N 9 46 19.35 W . Cuesta sobre unos 5 o 6 euros la noche.

Playas Essaouira.

Cuando nos acomodamos todos, salimos a dar un  paseo y una primera toma de contacto con la ciudad. Irremediablemente nuestros pies nos conducen a las magníficas playas de Essaouira. Es espectacular por lo amplia que es, la fina arena y la calma de sus aguas.
La ciudad de Essaouira merece una estancia de al menos un día completo. Pasear tranquilamente por sus magníficas playas. Pasear por su Medina construía de forma diferente a las de la mayoría de las que hay en Marruecos con sus calles rectas y trasnversales, lo que le da un aire de modernidad. Acercarse al concurrido y bullicio puerto pesquero y dejarse llevar por el bullicio y la actividad constante de los pescadores y las cansinas gaviotas que pelean constantemente por robar alguna sardina que descargan de los barcos, etc.


Parking de autos, Essaouira.

La ciudad tiene una holgada y amplia historia desde tiempos de los fenicios que tras cruzar el estrecho bajaban costeando la costa africana. Aquí se afincaron en las islas Púrpura pegadas a la ciudad, atraídos por la púrpura, un cotizado pigmento que se extrae de unos moluscos abundantes en esta zona. Ahora esas 2 islas son reserva natural y en ella anidan una especie de halcones protegidos.

Playa y al fondo el parking, Essaouira.

En el Siglo XV los portugueses se instalaron en esta plaza al igual que en las ciudades que hasta ahora hemos visitado por la costa atlántica marroquí, aunque su presencia no duraría demasiado tiempo, sí que dejaron su huella en forma de murallas y almenas defensivas.
Después de dar un buen paseo por la playa y percatarnos que Essaouira sí que tiene turismo al contrario de Safi, y que tiene construcciones modernas que podríamos ver en cualquier ciudad costera española, ponemos rumbo a la Medina.

Entrada a la Medina, Essaouira.

En 1.764 se encargó el diseño y construcción de la nueva ciudad en un intento de desbancar a Agadir como ciudad dominadora del comercio marítimo de la zona. Cuando la ciudad estuvo terminada pasó a dominar todo el comercio tanto por mar como el proveniente del Sahara.

Essaouira.

A principios del Siglo XIX con la llegada de la administración colonial, la ciudad perdió el estatus que había conseguido pasando éste a ciudades como Tanger, Casablanca y Agadir, por lo que en la actualidad su puerto es solamente pesquero.
Vamos paseando por las calles de la Medina y nos damos cuenta que efectivamente la misma está trazada con calles rectas perpendiculares, por lo que orientarse no es tan difícil como en otras medinas que hemos estado que se caracterizan por la amalgama de calles y su caos constructivo.


Essaouira.

El grupo se deja llevar y sin dejar de tener contacto visual con todos, la fisonomía de la Medina hace que el transito por la misma sea más relajado y no haya que estar tan pendiente por no perderse alguien.
Con 70.000 habitantes, Essaouira vive básicamente del turismo, la pesca y la artesanía. Podemos apreciarlo, pues aquí sí que se ven turistas, me recuerda por momentos a Marrakech, aunque es más tranquila que ésta y no sentimos el agobio que notamos allí.

Essaouira.

Quizás sea eso lo que le confiere a Essaouira ese aire encantador con sus talleres artesanales, pescadores faenando incesantemente, numerosos talleres de ebanistería, estudios de pintura, galerías de arte, músicos, etc.  No da la sensación de estar en una gran ciudad, más bien al contrario, nos parece que estemos en un pueblo grande y aunque con la historia asomándose en cualquier rincón, un lugar moderno y en el que da gusto estar.

Medina, Essaouira.

Tranquilamente vamos caminando y nos dejamos llevar por nuestra intuición y sensaciones, deteniéndonos en cualquier parte de la Medina que nos llame la atención.

Medina, Essaouira.

Aquí no nos asalta nadie para hacernos de guía ni nada parecido, no sentimos esa sensación que sí hemos notado en otras medinas cuando siempre había alguien que se acercaba para ofrecerse y con ello llevarse una propina.

Medina, Essaouira.

Tranquilamente y sin pausa el sol va cayendo irremediablemente y nosotros vamos apurando nuestra visita por la Medina.

Colores de Essaouira.

Podemos encontrar de todo en el mercado que ahora se ha transformado en mercado de comidas. Nos tomamos unos caracoles de un chiringuito con su consiguiente caldo, buenísimos. Alguno que otro afirma que son los mejores que ha probado en su vida.

Medina, Essaouira.

Medina, Essaouira.

Ya ha caído la noche y la Medina parece transformarse en algo diferente o distinto que es durante el día y no por ello el bullicio y gentío deja paso a la tranquilidad, al revés, ahora es cuando parece que más gente venga a pasear por sus calles.

Medina, Essaouira.

Nosotros damos por concluida nuestra ruta y salimos por una puerta de la muralla, pues no tenemos ganas de volver sobre nuestros pasos por el mismo lugar que hemos venido, que ahora está abarrotado de gente.
Ha sido un día intenso y tras cenar caemos en la cama como si fuéramos unos niños.

Puerto, Essaouira.

Amanece un nuevo día y antes de partir pensamos que es buena idea comprar algo de pescado y marisco fresco para hacer este medio día una buena paella, por lo que nos vamos hacia el puerto.
Allí nos recibe un lugar lleno de actividad frenética, pues van llegando los barcos cargados del fruto extraído al mar y ahora toca sacarlo de los barcos y venderlo.

Zona del puerto, Essaouira.

El espectáculo que nos ofrecen las hábiles y rapiñeras gaviotas no tiene desperdicio. Aprovechan cualquier mínimo descuido de los pescadores para hacerse con su almuerzo.

Essaouira.

Tras estar un rato observando las típicas faenas de descarga del pescado, podemos apreciar que no traen marisco, por lo que salimos del puerto y en las inmediaciones podemos ver unos puesto que venden el marisco y la verdad que a buen precio.

Essaouira.

Compramos lo necesario para que Basilio, nuestro chef particular nos deleite con una suculenta paella y decimos un hasta luego a esta bella localidad que tanto nos ha gustado.

Para saber más: Essaouira


Vídeo de Essaouira


Paisaje hacia Agadir.

De nuevo transitamos por una carretera que a veces va paralela a la costa, ofreciéndonos unas vistas inmejorables de la amplitud de las playas atlánticas.

Comprando unos caracoles.

Hacemos una parada y enseguida vienen a nuestro encuentro dos mujeres cargadas con ambos sacos de caracoles similares a los que anoche nos gustaron tanto en Essaouira, por lo que no perdemos la ocasión de hacernos con unos cuantos para el aperitivo y la paella.

Parada para comer, cerca de Agadir.

Cuando se hace la hora de ir preparando la comida paramos junto a la playa, formamos el ya habitual círculo al estilo de las carretas de los baqueros y empezamos a preparar.

Algunos caracoles se huelen su destino y quieren escapar.

Pasamos un buen rato entre los preparativos y la posterior comida con  postre de batido de mango incluido que anteriormente alguien ha comprado a pie de carretera.
Este es otro de esos momentos en que uno se siente afortunado de viajar de esta manera en compañía tan grata.
Proseguimos ruta llegando a Agadir sin detenernos a excepción de una parada para repostar. Vemos que Agadir es una gran urbe, tardamos algo en circunvalar la ciudad, debido a sus grandes dimensiones.
A partir de aquí dejamos el mar que hemos estado siguiendo durante estos días y ahora la fisonomía del terreno empezará a cambiar progresivamente.


Taroudant.

Llegamos a última hora de la tarde a nuestro último destino de hoy, Taroudant.

El primer parking que llevo seleccionado por proximidad a la Medina es el parking de la Estación de autobuses. Allí nos dicen que no está permitido estacionar, por lo que nos vamos al siguiente parking, acompañados de un improvisado guía que se ofrece a llevarnos. Aunque creo que sabe que llevamos GPS y no necesitamos de sus servicios, no hay forma de hacerlo desistir y pedaleando vigorosamente nos conduce al parking del hotel Palais Salam.

Parking Taroudant.

La cosa no acaba aquí, pues después de habernos dejado en el parking, al momento vuelve con dos carruajes para llevarnos a la Medina. Queréis eficacia, pues aquí la tenéis, joer que avispados son estos marroquíes y como saben lo que tienen que hacer para sacarse unas perrillas.

Mezquita Taroudant.

Hotel Palais Salam, GPS 30 28 26.12 N 8 52 13.37 W, vigilado por los guardas del hotel, cuesta sobre 4 o 5 euros la noche y puedes utilizar los servicios del hotel. Como siempre hay que pagar al salir.


Lugar de  pernocta en Taroudant.

Tras negociar el precio con los dueños de los carros y decirles que queremos ver una cooperativa de Argán, algo que queremos ver si o si, partimos raudos hacia la Medina, dividido el grupo en dos y en sendas calesas.

Parking en Taroudant.

Dejamos el concurrido parking del Hotel Palais Salam, pues hay como una concentración de vehículos de todo tipo en su mayoría españoles que muy probablemente deben de venir del desierto.
Nuestros carruajes van al trote pegados a las muy bien conservadas murallas, lo que nos hace entender el carácter fortificado de esta ciudad.
Situada en el Valle del río Sus dista unos 85 kilómetros de Agadir, en la actualidad cuenta con unos 65.000 habitantes. Su esplendor lo encontramos hacia el Siglo VXI bajo la dinastía Saadí, siendo en esta época cuando se construyeron las murallas y la gran Mezquita con su bello minarete. Taroudant fue utilizada como punto estratégico para atacar a los portugueses en Agadir.



Cooperativa de Argán, Taroudant.

Estamos en una zona donde abunda el argán, un árbol que produce unos frutos del cual se extrae el afamado y apreciado aceite de argán, por lo que deseamos ver una cooperativa y saber más sobre el proceso de elaboración y si es posible comprar algo.
Comprobamos que el paseo en calesa es una muy buena forma de ver la ciudad, pues las distancias son considerables y por nuestra cuenta difícilmente hubiéramos llegado a este lugar, además otro guía se encarga de llevarnos hasta la cooperativa.



Cooperativa de Argán, Taroudant.

Una vez en la puerta de la cooperativa, resulta que está cerrada pero no pasa nada, una llamada telefónica y al momento traen la llave y tenemos todo el local para nosotros solos.
Tras mostrarnos el proceso de recolección y elaboración del argán, nos dan a probarlo mojando trozos de pan en el aceite. La verdad es que es diferente al aceite de oliva, sabe de otro modo.
Decir también que en toda esta zona hay numerosas cooperativas de aceite de argán todas ellas de mujeres que han sabido asociarse para crear estas cooperativas contribuyendo de esta manera al desarrollo local. De todas formas si queréis comprar aceite o cualquier otro producto no os preocupéis, a lo largo de la carretera tendréis muchas ocasiones para ello.

Para saber más del argán y sus numerosas propiedades:

Argán


Vídeo de cooperativa de Argán.

Tras la adquisición de algún que otro producto elaborado a base de aceite de argán ponemos rumbo a la medina, acompañados por nuestro guía.
Hay como en todas las ciudades marroquíes una gran animación por las calles de la Medina, pero vemos que la gente se agolpa en los bares, miramos y vemos el motivo, hay partido de fútbol, juega el Barcelona un partido de Champion, Alejandro se quiere ir a verlo.

Medina de Taroudant.

El guía como nos imaginábamos nos lleva a varios locales para que compremos algo, aunque no tiene mucho éxito, solo vamos por ser educados con él y por guiarnos por la concurrida Medina. Al final le decimos que queremos volver al parking del Hotel para terminar de ver el partido.
Cuando las calesas nos devuelven al parking les pagamos por sus servicios tras otra dura negociación, y nos metemos en el Hotel que es una preciosidad, un paraíso en esta ciudad.

Hotel Palais Salam, Taroudant.

Este hotel es una chulada, dan ganas de sacar los pijamas de la auto y quedarnos a pasar una noche en este lugar que parece sacado del cuento de las mil y una noches.
Nos sentamos en una sala y vemos lo que queda del partido de fútbol del Barcelona. Sí que hemos notado la afición que hay en Marruecos por el fútbol y sobre todo por el Fc Barcelona.

Hotel Palais Salam, Taroudant.

Las mujeres mientras tanto, ajenas al transcurrir del partido, pasean tranquilamente por las distintas salas y jardines del hotel como si fueran unas clientes más, y vienen alucinadas con el lujo, la estética y el glamour del hotel.

Fachada de Palais Salam.

Cuando acaba el partido y en vista de lo cansados que estamos nos vamos a las autos a descansar ya que mañana nos espera un día más duro que el de hoy, pues hay bastantes kilómetros hasta M´hamid, nuestro siguiente objetivo, el desierto.
Nuevos y sorprendentes lugares nos esperan en esta segunda parte de nuestro viaje por tierras marroquíes, que en breve estará disponible.

Imagen con la ruta seguida en esta primera parte del viaje. 

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